Desde
mi balcón: Alzheimer semana a semana
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Madrid,
18 de septiembre de 2006
CENTENARIO
DE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER
José Manuel
Martínez Lage
Profesor
honorario
de
neurología.
Universidad
de
Navarra
Coordinador
del
Comité Científico
de
CEAFA
|
1. Alzheimer y Auguste
La infausta enfermedad
que lleva el apellido del Dr. Alois
Alzheimer (1864-1915) y que hoy está en
boca de todos fue diagnosticada por
primera vez en el mundo en 1906.
Alzheimer, trabajando en Munich al
lado de Emile Kraepelin, uno de los
padres de la de la psiquiatría,
había fundado allí una
escuela neuropatológica de
prestigio mundial. Él y todos
sus discípulos, aplicando
magistralmente las técnicas
microscópicas de estudio del
cerebro, pretendían descubrir
las bases materiales de las demencias,
neurosis y psicosis en franca oposición
a la teoría psicoanalítica
freudiana a la sazón imperante.
Alzheimer había trabajado
previamente en el hospital psiquiátrico
de Franfurt. Allí ingresó en
noviembre de 1901 una paciente, llamada
Auguste, cuyo nombre se ha hecho
tristemente célebre porque
propició el descubrimiento
de la enfermedad. Su historia clínica
se encontró casi fortuitamente,
el 21 de diciembre de 1995 por lo
que se conocen todos los detalles
de su enfermedad. Enfermó a
los 51 años y falleció a
los 56.
Alzheimer, desde que reconoció a
la enferma a su ingreso, estaba
convencido de que el caso de Auguste
era excepcional por lo que se aplicó febrilmente
a escudriñar microscópicamente
su cerebro. El 3 de noviembre de
1906 presentó su observación
clinicopatológica a sus
colegas en una reunión celebrada
en Tubinga. Su disertación
no despertó el más
mínimo interés. Alzheimer
superó aquel aparente revés
y publicó su observación
en 1907. Él nunca soñó que
estaba dando a conocer una nueva
enfermedad ni que su nombre ganaría
fama universal.
2. Una enfermedad “rara” (1915-1965)
Dada
la edad de Auguste, se
consideró que
su enfermedad era propia
de personas en etapa
presenil y, como se diagnosticaba
pocas veces, pasó bastante
desapercibida hasta mediada
la década
de 1960.
3. Los trabajos
de Newcastle:
la enfermedad
de Alzheimer
se revela
como la
causa más
frecuente
de demencia
en las
personas
mayores
de 65 años
(1965-1975)
Desde
1961
los Institutos
Nacionales
de Salud
de los
EE.UU.
comenzaron
a otorgar
ayudas
de investigación
para
indagar
las bases
de esta
enfermedad
estudiada
con la
ayuda
del microscopio
electrónico.
Existía
una gran
confusión
acerca
del significado
de lo
que entonces
se llamaba “demencia
senil”,
término
ya desterrado..
Un equipo
de investigadores
de Newcastle
upon
Tyne
planificó muy
inteligentemente
una trascendental
investigación
encaminada
a examinar
el cerebro
de personas
mayores
que morían
con y
sin demencia.
Su sorpresa
y la
del mundo
científico
fue mayúscula
cuando
descubrieron
que un
68% de
los viejos
dementes
presentaban
exactamente
las mismas
lesiones
que las
de Auguste.
Dos conclusiones
estaban
claras:
una,
que el
Alzheimer
es una
enfermedad
propia
de las
personas
mayores;
otra,
que si
se llegara
a curar,
más
de la
mitad
de la
población
senil
tendría
una vejez
sin merma
intelectual.
“Explosión” médico-social
(1975-1985)
Las
alarmas
médicas
se
encendieron:
conquistar
el
Alzheimer
se
convirtió en
un
gran
problema
de
salud
pública
y
una
alta
prioridad
investigadora.
La
sociedad
envejecida
tomó conciencia
de
la
envergadura
de
esta
epidemia.
Comenzó el
asociacionismo
de
familiares
de
estos
enfermos.
Se
creó el
Instituto
Nacional
de
Envejecimiento
en
los
EE.UU.
que
desarrolló un
programa
específico
para
el
Alzheimer.
En
Europa
y
concretamente
en
España
las
asociaciones
se
iniciaron
en
1990.
La
conquista
científica
de
la
enfermedad
(1985-2006)
Las
herramientas
de
la
biología
y
la
genética
moleculares
entraron
de
lleno
en
los
misterios
del
Alzheimer
y
los
fueron
revelando:
las
proteínas
responsables,
los
genes
que
intervienen,
la
naturaleza
de
la
muerte
neuronal,
las
dianas
contra
las
cuales
se
han
de
dirigir
los
tratamientos,
etc.,
etc.
La
Alzheimer’s
Association,
la
más
importante
organización
en
el
mundo
dedicada
al
cuidado
y
la
conquista
del
Alzheimer,
organiza
bienalmente
desde
el
año
2000
la
llamada
abreviadamente
ICAD.
Su
décima
edición
tuvo
lugar
en
Madrid
los
días
15
al
20
de
julio.
S.
M.
la
Reina
Doña
Sofía
visitó la
reunión
poniendo
así de
manifiesto
su
filantropía
de
apoyo
al
cuidado
de
los
enfermos
y
la
investigación
sobre
esta
enfermedad.
Los
miembros
del
Comité Científico
visitaron
el
Proyecto
Alzheimer
de
la
Fundación
Reina
Sofía
de
próxima
inauguración.
Los
temas
tratados
pueden
ser
agrupados
en
tres
bloques:
causas
y
mecanismos
de
la
enfermedad;
diagnóstico
superprecoz
a
ultranza;
y,
medicamentos
que
frenen
o
detengan
la
enfermedad
desde
su
etapa
clínicamente
inicial.
La
enfermedad
de
Alzheimer
es
el
resultado
de
la
acción
perversa
de
dos
proteínas
anormales,
conocidas
con
los
nombre
de
amiloide
beta
y
tau
hiperfosforilada,
que
se
acumulan
en
el
cerebro
y
son
tóxicas
para
las
neuronas.
Cada
vez
se
conoce
más
y
mejor
cómo
y
por
qué se
producen
y,
por
tanto,
cómo
se
pueden
contrarrestar.
En
este
momento
hay
11
eventuales
medicamentos
para
atacar
la
enfermedad
en
distintas
fases
de
experimentación.
Los
más
avanzados
son
el
tramiprosato
(Alzhemed)
y
el
R-flurbiprofen
(Flurizan)
cuyos
resultados
definitivos
serán
dados
a
conocer
entre
2007
y
2008
respectivamente.
Tras
la
ICAD
de
Madrid
se
ha
robustecido
el
optimismo
científico
de
que
no
está lejos
la
conquista
del
Alzheimer
y
de
que
su
control
es
una
utopía
alcanzable.
Piénsese
que
el
95%
de
los
grandes
descubrimientos
sobre
esta
enfermedad
tuvo
lugar
en
los últimos
15
años.
Por
tanto,
no
es
una
quimera
adelantar
que
en
la
próxima
década
llegará su
control.
La
opinión
pública,
las
instituciones
privadas
y
todos
los
gobiernos
han
de
ser
muy
sensibles
a
esta
problemática.
Como
dijo
la
Princesa
Yasmin
Aga
Khan,
presidenta
de
Alzheimer
Disease
Internacional, let’s
get
moving,
there
is
no
time
to
lose. El
mundo
académico
y
universitario,
la
industria
farmacéutica,
las
Administraciones
y
los
grupos
inversores
han
de
ser
capaces
de
realizar
el
esfuerzo
necesario,
superar
las
barreras
existentes
y
encontrar
los
incentivos
necesarios
para
descubrir
los
medicamentos
curativos
de
esta
enfermedad
que,
dado
el
envejecimiento
progresivo
de
la
población,
va
camino
de
convertirse
en
la
undécima
plaga
de
Egipto.
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